Mal de mar hacia un triste trópico

Table, ceramic “pintaderas”, bamboo, plants, book pages, lava stones, seeds, postcards, audio.
Junefirst, Berlin

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ENES

“The schooner, our sailboat we stole from the docks,
torn clouds of low altitudes cross it dizzily in all directions,
the scene is Dantesque, waves extend flaring
to the horizon, bolts of lightning flame momentarily illuminating the sky,
we have all lost our eyes to infinity,
are we all mad?”
(Fragments from sailing diaries of an expeditionary group that fled secretly
from the Canary Islands towards the coasts of Venezuela)

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Montiel-Soto’s practice takes place in the exploration of his own country’s indigenous culture and the myths of authenticity, wildness, and difference it entails, in contrast with the reality of political distress and social violence that Venezuela presents. This research, often also using other countries as his own, keeps him in constant shift, from belonging to being a tourist in one’s land. Montiel’s project starts in the study of a pre-colonial, long gone civilization from the Canary Islands, the Guanches, and their recovered relics. Their legacy is very limited and thus highly constructed by history, but the key to the shaping of local cultural identity and the way the islands portray themselves in the present.

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In the cabinet he displays, we can find volcanic rocks, palm trees, and bananas, and the multiple reproductions of an artifact, the “pintadera”, meant to be a sort of stamp for tattooing that guanches used. The installation moves on towards the relationship between the Canary Islands and Venezuela, two far-off places connected not only by being paradigms of exoticism having a parallel depiction of the native versus the colonial, but that are also linked by a historical tradition of migratory movements. Venezuela, known amongst canarios as ‘the eight island’, was the desired destination for immigrants who fled the islands between the last decades of the 19th century until after the Spanish civil war in the 1950s. An audio piece reads fragments of several nautical logbooks from the stolen sailboats that took on the challenge of crossing the ocean in precarious conditions, not always succeeding, in a clandestine odyssey to reach the Americas as the promised land.

Sira Pizà

“La goleta, nuestro velero lo hemos robado del muelle,
nubes rasgadas de baja altura lo cruzan vertiginosamente en todas las
direcciones, la escena es dantesca, las olas como desflecadas se extienden
hasta el horizonte, los relámpagos flamean iluminando momentáneamente el
cielo, todos tenemos los ojos extraviados mirando al infinito
¿habremos enloquecido todos?”
(Fragmentos de los diarios de navegación de algunos de los veleros que migraron clandestinamente desde las Islas Canarias hacia Venezuela)

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La práctica de Montiel-Soto tiene lugar en la exploración de la cultura indígena de su país y los mitos de autenticidad, salvajismo y diferencia que conlleva, en contraste con la realidad de tensión política y violencia social que presenta Venezuela. Esta investigación, a menudo usando también otros países como si fueran el suyo propio, le mantiene en un movimiento constante, del de pertenecer al ser turista en su propia tierra. El proyecto de Montiel-Soto empieza en el estudio de una civilización pre-colonial extinta de las Islas Canarias, los Guanches, y sus reliquias recuperadas. Su legado es muy limitado y por tanto altamente reconstruido por la historia, pero clave en el moldeado de la identidad cultural local y en la forma en que las islas se retratan a sí mimas en el presente.

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En su gabinete se muestran rocas volcánicas, palmeras y plátanos, y la múltiple reproducción en arcilla de un artefacto de símbolos, la “pintadera”, que los Guanches usaban como una especie de tampón para tatuar. La instalación se desarrolla hacia la relación entre las Islas Canarias y Venezuela, dos sitios alejados y conectados no solamente por ser paradigmas del exoticismo y tener una representación paralela de lo nativo versus lo colonial, sino también por una tradición histórica de movimientos migratorios. Venezuela, conocida como la octava isla entre los canarios, fue la destinación deseada por los inmigrantes que huyeron de las islas entre las últimas décadas del siglo XIX y hasta pasada la guerra civil española en los años 1950. Una pieza de audio hace una lectura de varios fragmentos de los diarios de navegación provenientes de los veleros robados que se propusieron el reto de cruzar el océano Atlántico en condiciones precarias, no siempre con éxito, en una odisea clandestina para llegar a las Américas, la tierra prometida.

Sira Pizà

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