Arqueología en la Memoria de las Familias de San Antón

 

I. El espacio habitado: Contexto

“Una ciudad siempre es heterogénea, entre otras razones, porque hay muchos imaginarios que la habitan.”[1]

Néstor García Canclini

 

Dice Néstor García Canclini que la primera oscilación entre lo visible y lo invisible se muestra como tensión entre la ciudad experimentada físicamente y la ciudad imaginada.[2] Habitamos la ciudad con carácter fragmentario, nuestra cotidianidad transcurre en ciertos lugares y tránsitos que se encuentran sesgados por la subjetividad, los acuerdos sociales y la hegemonía. Fabricamos ficciones asociadas a una territorialidad específica y aunque se trate del mismo espacio-tiempo el lugar habitado se encuentra determinado por diferentes variables. Incluso en una pequeña ciudad como Cuenca (España) la manera en la cual nos apropiamos del espacio urbano resulta asimétrica. Lo imaginado es entonces lo desconocido, y para muchos conquenses el Barrio de San Antón[3] es ese lugar: que no transitan, que no conocen, que no forma parte de lo visible y que al pensarlo lo hacen con miedo. Un espacio a veces soñado, a veces temido que sirve para la poética.

Los imaginarios urbanos son construcciones sociales que aparecen en función de cómo es percibida la ciudad. Las complejas relaciones heterogéneas y dispares manifestadas en la sociedad dan cuenta de la multiplicidad de imaginarios existentes en cada urbe. San Antón representa en Cuenca la periferia, lo marginado, situación recurrente en el orden global actual, en el cual siempre hay un una orilla, un límite, un borde que el poder insiste en perpetuar para mantener su jerarquía.

Entre las calles que recorren la ladera del Cerro de la Majestad[4] habita una comunidad donde subyacen historias intangibles de arraigo territorial en diálogo conflictivo con la llegada de nuevos habitantes pertenecientes a otras culturas y otras prácticas. Los residentes más antiguos a menudo recuerdan un tiempo en el cual las dinámicas sociales y la convivencia en el barrio eran distintas. “Cuando yo era chiquillo, recuerdo que si estabas por la calle y te hacía falta un vaso de agua te decía la señora Pascuala: ¡pasa a la cocina Miguel!”.[5]

En este contexto conviven en cierta medida nativos del barrio y migrantes, dando lugar a un proceso de interculturalidad expandida en la cual se negocia un espacio común pero cuya concertación se encuentra aún pendiente de resolución. El carácter de imaginario de San Antón dentro de la ciudad de Cuenca tiene que ver con la complejidad de las tensiones y heterogeneidades sociales surgidas de la convivencia entre diferentes subculturas asociadas en algunos casos a la delincuencia.[6]

Aunadas a estas dinámicas existen usos determinados por las características urbanas del sector. Tal y como señala Michel De Certeau “las prácticas del espacio tejen en efecto las condiciones determinantes de la vida social.”[7]Casas antiguas, calles estrechas y enrevesadas, difícil acceso, una zona mal dotada de servicios básicos, suponen rasgos distintivos del espacio y propician dinámicas particulares dentro del entorno,relacionadas con la construcción de lo suburbano. Su conformación aglomerada en una colina parece casi una estrategia versada entre la improvisación y la intencionalidad de potenciar un carácter insular fundamentado en la autoprotección. La ciudad imaginada desde este contexto es esa otra: la de las grandes casas, los restaurantes finos y las rutas del turismo en el casco histórico.

San Antón, el real y no el imaginado, se configura a su vez como un lugar propicio para la colaboración y la solidaridad en busca de la transformación social y el acuerdo. Una comunidad enfiladas actualmente hacia la participación comunitaria y la autogestión a través de la reciente comunidad de vecinos. Desde el 2013 ha funcionado como sede de Lamosa Laboratorio Modulable Artístico, un espacio con espíritu de experimentación y creación gestionado por artistas que ha contribuido a la integración cultural de la zona a través de diferente dinámicas. Lamosa junto con Permanencias San Antón, ofrecen un programa de residencias con el objetivo de impulsar a artistas de diferentes latitudes a trabajar en este entorno específico, para así generar espacios de fricción entre el arte, los habitantes del barrio y la esfera pública.[8]

 

II. El Espacio habitado 2da parte: La Casa

“La casa natal es más que un cuerpo de vivienda, es un cuerpo de sueño.”[9]

GastónBachelard

 

Además de las dinámicas sociales manifestadas, entre los habitantes y el espacio existe también una carga simbólica entretejida con los procesos de identidad individuales y colectivos. La identidad de un lugar, en este caso San Antón, está determinada por la de sus habitantes, y viceversa. A su vez el ámbito residencial del sujeto se muestra supeditado a rituales, proximidades, reconocimiento e identificaciones no solo con el espacio físico, sino también con los vecinos y potencialmente con el hogar. Las sensaciones de pertenencia, refugio y seguridad se manifiestan indisociables del concepto de la “casa”. En la relación sujeto-casa se percibe con más fuerza el flujo bidireccional de la habitabilidad y cómo se modifican el uno al otro. Bachelard escribe: “La vivienda es la extensión de uno mismo; mediante la apropiación nos reflejamos en un espacio, dejamos huella; mediante el hogar reflejamos e integramos pensamientos, memorias, sueños”[10]

La casa posee una personalidad propia poderosamente entrelazada a la de sus habitantes. Es la imagen de la intimidad, contenedora de memorias desnudas donde no hay que fingir, un mapa que puede arrojar pistas sobre la infancia y albergar los tesoros más preciados. La casa debe ser cálida, protectora y ancla ante las tormentas. Un lugar de encuentros, de recuerdos y de olvidos. Más allá de la distribución, el número de habitaciones, los materiales de construcción o la ubicación, aquello distintivo entre un hogar de otro es la manera como nos apropiamos del lugar a través de la personalización y modificación distintiva del entorno, de impregnar el “yo” en ese ámbito, para así sentirse reflejado y reconocerse, para sentirse habituado y seguro. El acto de decorar la casa es la expresión de ese deseo en el cual el habitante y lo habitado se comprenden uno al otro. Los rituales y vivencias desarrolladas también constituyen parte fundamental de la construcción de una atmósfera familiar. La vivienda se revela entonces como la expresión de una manera de estar y de ser.

Ahora bien, esta expresión del“yo”, esta apropiación dada a través del acto de decorar, se encuentra necesariamente mediada por los objetos. Adquisiciones voluntarias, hallazgos, herencias, préstamos o regalos;constituyen los verdaderos dispositivos posibilitadores de la compenetración con el espacio. Lo más insospechado se convierte entonces en contenedor de preciadas memorias, inmóviles en su materialidad,estas mediaciones, tienen la responsabilidad de reafirmar una vivencia en cuanto la relación intangible y subjetiva que vamos construyendo con ellas en la cotidianidad.En este contexto se insertan Marco Montiel Soto y Cristina Moreno García como campo de trabajo para la construcción de una representación colectiva del barrio de San Antón.

 

III. Arqueología de la Memoria

“La memoria no es un instrumento para conocer el pasado, sino sólo su medio. La memoria es el medio de lo vivido, y quien quiera acercarse a lo que es su pasado tiene que comportarse como un hombre que excava.”[11]

Walter Benjamin

 

Enmarcados en el programa de residencias “Permanencias San Antón” el venezolano Marco Montiel-Soto y Cristina Moreno García, oriunda de Zaragoza, desarrollaron el proyecto “Arqueología de la Memoria en las familias de San Antón”. En cierta medida,podría decirse que la obra se trata de la segunda parte del trabajado iniciado por Marco Montiel-Soto en el 2013 durante la velada de Santa Lucía en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. Una primera experiencia de construcción fragmentaria de una suerte de altar de la memoria colectiva en una comunidad específica, en ese caso el barrio de Santa Lucía, para dar cuenta de su idiosincrasia a través del conjunto de relaciones sucedidas y entrecruzadas en los objetos y la reminiscencia del hogar.

En esta continuidad, la obra de Marco y Cristina comienza con visitas a las casas de las familias de San Antón para recolectar fotografías, estatuillas, cuadros, trofeos, tazas u otros entes de la vida diaria que capten su atención. En ocasiones se trata del rescate de cosas olvidadas y abandonados bajo capas de polvo y escombros, en otras se interesan por reliquias que son el cuerpo central del salón. En una búsqueda intuitiva se adentran en los espacios familiares e íntimos del inmueble para encontrar aquellos contenedores heredados que dan cuenta silenciosa de testimonios pasados.

Convertidos en excavadores que van hurgando en la memoria del otro, intentan determinar lo subyacente en las maneras de apropiación de los espacios, aquellos relatos depositados en bienes materiales que podrían pasar desapercibidos. Atentos y curiosos a las historias y los gestos del anfitrión observan el espacio, esperando algo que los sacuda o los sorprenda. No está claro si los artistas seleccionan los objetos o los objetos los encuentran a ellos, pues si bien se trata de elecciones no exentas de la subjetividad, el control y el posicionamiento de una mirada específica parcial, también se someten a la voluntad del dueño de la casa y a la contingencia de la serendipia.

En este caso los artistas abordan el proyecto de archivo no desde la perspectiva de la reconstrucción histórica de las vivencias de los habitantes de San Antón, sino con la finalidad de realizar una aproximación al imaginario colectivo del barrio a través de la puesta en diálogo delas pertenencias recolectadas.De esta manera, el pasado se manifiesta desde la perspectiva del presente que necesariamente lo define en el instante que lo evoca, pues es nuestra manera de recordar lo sucedido aquello que lo configura, y es a través de estos elementos pertenecientes a otro tiempo que se revela la seña distintiva actual de una comunidad. Para Anna María Guasch en relación con “La Arqueología del Saber” de Michel Foucault, el trabajo del arqueólogo, del archivista o del “nuevo historiador” no consiste en la construcción de una historia en función de la idea de progreso, sino en reconstruir episodios del pasado como si fueran del presente.[12]  En la obra de Marco y Cristina las piezas de la obra representan la confluencia del pasado y el presente a través de remembranzas familiares, tradiciones y anécdotas; en un tiempo no lineal y discontinuo, que no obstante contiene un orden interno.

La colección de las pertenencias de los distintos recintos que se han recogido tiene como destino exhibirse conjuntamente en una sola casa del barrio -Lamosa- que simbólicamente sirve como punto de encuentro de la memoria colectiva en un único espacio. El montaje se revela en un formato similar al de un gabinete de curiosidades o cuarto de maravillas del S. XVII, contraponiendo lo íntimo a lo social, lo privado a lo público, la verdad a la ficción y la reminiscencia al olvido. De esta manera, los recuerdos individuales conforman una memoria común en la cual cada quien puede pensarse potenciando distintas posibilidades y esbozos de significación de acuerdo a las relaciones particulares del visitante con la obra.

Un nuevo entramado de interrelaciones en el cual se generan diálogos estéticos y también sociales. Los objetos tienen significado en cuanto a su referencia intrínseca con su entorno, en cuanto a su latitud específica dentro del conjunto, y en cuanto contenedores de memorias íntimas y piezas de la construcción de miradas intrínsecas. Se trata de generar un archivo subjetivo y temporal, si acaso efímero, de una idiosincrasia propia del barrio de San Antón, entendiendo el archivo como un sistema discursivo activo capaz de establecer nuevas relaciones de temporalidad entre pasado, presente y futuro[13], un archivo fragmentado y selectivo que organiza y agrupa objetos de características propias y sirve de radiografía a la comunidad. Quizás a la manera de El libro de los pasajes de Walter Benjamin o el Atlas Mnemosyne de Aby Warburg en el sentido que intentan suscitar experiencias a través de fragmentos que se suceden unos a otros entre lo racional y el instinto.

 

IV. Lo Relacional

“El arte es un estado de encuentro.”[14]

Nicolás Bourriaud

 

En la construcción de esta mirada de las familias de San Antón, de sus formas, de sus recuerdos y las continuidades que los atraviesan, se dejan ver rasgos distintivos y peculiares de la personalidad colectiva manifestada en su materialidad. Una reconstrucción de la memoria general a través de lo íntimo y familiar puesto en diálogo con lo público para generar nuevos vínculos.

En la nueva y momentánea disposición de la instalación,se entreteje un hilo efímero de relaciones dependientes, híbridas y variables, posibilitadoras de un espacio de comunicación. La obra aunque centrada en las relaciones estéticas generadas a través de la acumulación, permite la aparición de latentes relaciones sociales que provoca entre los dueños de los objetos. Al ser invitados a la casa en la cual se reúnen sus recuerdos y se vinculan intrínsecamente con los de otros, se propicia un intercambio entre los habitantes del barrio: entre sus recuerdos, sus alegrías, sus orgullos, sus sensibilidades, temores e ilusiones. Como si la memoria tuviera materialidad, como si pudiera aprehenderse y crear un nuevo espacio-tiempo a la vez efímero y cargado de significado, que consecuentemente pasará a formar parte del objeto, transformándolo a través de las relaciones producidas.

Trastocando aquello que podría considerarse de “valor estético” esta obra se acerca a las prácticas del objeto encontrado, sin embargo el proceso de Marco y Cristina se aleja del objeto surrealista y no tiene la connotación de rechazo estético e ironía conferido por Marcel Duchamp a sus ready made. Por el contrario, cada pieza es un hallazgo celebrado, producto de una previa negociación, que pasa de lo doméstico al arte,convirtiéndose por un breve espacio de tiempo en museable. No obstante, al término de la exposición todos los objetos retornan a su locación anterior, a ocupar aquel lugar que han dejado vacío. De esta manera no gana valor económico, no entra en la dinámica de intereses de la compra-venta del mercado;sencillamente se separa del conjunto y cesa su participación dentro de una “obra de arte”.

Manifestándose con fuerza la importancia de lo relacional como un lugar para lo recíproco y la horizontalidad, se construye una instalación en la cual el arte no es un bien de consumo económico, sino relaciones sociales mediadas por objetos. Redes locales que transgreden el espectáculo, íntimas, privadas, que se le cuelan al mercado en un intersticio, por la fisura de lo social y lo sensible. En clara referencia al planteamiento de Nicolás Bourriaud de la obra de arte como intersticio social en la cual se habla de la posibilidad de un arte relacional, un arte que tomaría como horizonte teórico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social, más que la afirmación de un espacio simbólico autónomo y privado. [15]

La estética relacional ya no refiriéndose a los vínculos y la participación entre obra y espectador, sino a los lazos generados en torno a la obra y reflejados en las comunidades y grupos específicos para poner en marcha otros modos de relacionarse y propiciar un espacio-tiempo de reflexión y de resistencia ante lo espectacular.

 

[1]Diálogo con Néstor García Canclini¿Qué son los imaginarios y cómo actúan en la ciudad?. Entrevista realizada por Alicia Lindón. 23 de febrero de 2007, Ciudad de México.

[2] García Canclini, Néstor. Imaginarios Urbanos. Buenos Aires: Eudeba, 1997.

[3]El Barrio de San Antón es un lugar periférico y humilde de la ciudad de Cuenca, (España) que otrora fue un barrio obrero de tradición alfarera donde los vecinos convivían a puertas abiertas. Esta  dinámica social se ha visto modificadas por la llegada nuevos habitantes, entre los cuales se cuentan algunos sujetos ligados a prácticas de criminalidad que han contribuido a que los conquenses le atribuyan al barrio una connotación de inseguridad.  La desaparición física de este sector estuvo planteada por el ayuntamiento de la ciudad durante el siglo pasado, una intención frustrada ante la dinámica persistente de reapropiación y repoblación del terreno.

[4]Nombre de la montaña donde se encuentra ubicado el Barrio de San Antón.

[5] Anécdota relatada por Miguel, habitante del Barrio de San Antón durante la visita de los artistas a su casa.

[6] La convivencia de diferentes culturas no implica en ninguna medida una connotación negativa, la problemática social más allá de nacionalidades distintas tiene que ver con subculturas ligadas a estratos y hábitos de delincuencia de individuos particulares y casos específicos, que nada tienen que ver con opiniones totalizadoras.

[7] De Certeau, Michel. La Invención de Lo Cotidiano. Artes de Hacer. Universidad Iberoamericana Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. México, 2000. P. 108

[8]Permanencias San Antón.Programa de Residencias Artísticas. “El Barrio”http://www.permanencias.eu/el-barrio/(Consultado en Noviembre de 2015)

[9]Bachelard, Gastón. La poética del espacio.Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000. P. 36

[10]Bachelard, Gaston. CitadoporAragonés, Juan Ignacio y Sukhwani, Savita en Wiesenfeld, Esther, comp. Contribuciones Iberoamericanas a La Psicología Ambiental. Caracas: Universidad Central De Venezuela, Facultad De Humanidades y Educación, Comisión De Estudios de Postgrado, 1994, P. 78.

[11]Benjamin, Walter.Excavar y recordar en Imágenes que piensan, Obras, libro IV, vol. 1, Abada: Madrid, 2010. P.  350

[12]Guasch, Ana María. Arte Y Archivo, 1920-2010: Genealogías, Tipologías Y Discontinuidades. Madrid: Akal, 2011.P.48

[13]Ibídem P. 10

[14]Bourriaud, Nicolás. Estética Relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2006. P. 17

[15]Ibídem. P.  13

 

Bibliografía

Bachelard, Gastón. La poética del espacio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Benjamin, Walter. Libro De Los Pasajes. Tres Cantos: Akal Ediciones, 2005.

Benjamin, Walter. Excavar y recordar en Imágenes que piensan, Obras, libro IV, vol. 1, Abada: Madrid, 2010.

Bourriaud, Nicolás. Estética Relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2006.

Foucault, Michel. La Arqueología Del Saber. México: Siglo Veintiuno Editores, 1988.

García Canclini, Néstor. Imaginarios Urbanos. Buenos Aires: Eudeba, 1997.

Guasch, Ana María. Arte Y Archivo, 1920-2010: Genealogías, Tipologías Y Discontinuidades. Madrid: Akal, 2011.

Lindón, Alicia. Diálogo con Néstor García Canclini ¿Qué son los imaginarios y cómo actúan en la ciudad?23 de febrero de 2007, Ciudad de Méxicohttp://www.scielo.cl/pdf/eure/v33n99/art02.pdf

Wiesenfeld, Esther, comp. Contribuciones Iberoamericanas a La Psicología Ambiental. Caracas: Universidad Central De Venezuela, Facultad De Humanidades y Educación, Comisión De Estudios de Postgrado, 1994, P. 78.

Páginas Web

Permanencias San Antón.Programa de Residencias Artísticas. “El Barrio”http://www.permanencias.eu/el-barrio/(Consultado en Noviembre de 2015)

 

Leyla Dunia, 2015