TOD IN DIE TROPISCHE ERDE: “Por favor no me dejen morir”

“Yo no pienso morirme mientras viva”1

Toda manifestación artística o cultural tiene una dimensión política, sea esta directa y explícita o indirecta e implícita. De un lado, la obra como producto de una cultura, recoge una serie de elementos a la manera de un documento que nos habla, entre muchas cosas, de las relaciones de poder entre los individuos que conforman la sociedad de la que procede (como sería el caso del arte visto desde la antropología, la arqueología o la sociología, por ejemplo). De otro lado, la obra como generadora de sentidos y significaciones que implican el cuestionamiento, la crítica y la posibilidad, al menos en teoría, de modificar las relaciones de poder.

La exposición TOD IN DIE TROPISCHE ERDE: “Por favor no me dejen morir”, Noticias desde un limbo tropical, de Marco Montiel Soto, se sitúa en este último aspecto. Su trabajo tiene la capacidad de invitar a pensar, generar sentidos y significaciones, múltiples lecturas en el espectador para que este, como individuo y la sumatoria de todos, pueda formar algún cambio frente a las situaciones de conflicto y violencia que se vive actualmente en Venezuela. En este sentido, la artista colombiana Doris Salcedo define muy bien su posición en relación a su obra y considero importante mencionar:

A veces la presentación de los artistas se ve sometida a ese panorama político y realmente me parece que el arte no debe estar sometido a ningún proyecto político específico. Sin embargo, después de decir eso, quiero decir que soy una artista política. Y soy una artista política que trabaja desde el Tercer Mundo, que ve la vida desde el Tercer Mundo. Mi trabajo desde un comienzo se ha centrado en la violencia política. Me interesa la fragilidad de la vida, me interesa también el poder y cómo aquellos que detentan el poder manipulan la vida.2

Ante el problema de hacer presente una reflexión sobre la realidad venezolana, Montiel Soto tiene como estrategia una representación irónica a través de objetos característicos dispuestos en el espacio, para trazar una semblanza en relación a la gente y costumbres que Humboldt registró extensamente junto a la flora, fauna, paisaje y geografía. Efectivamente se adentra en un limbo tropical. Aquello que Humboldt recibió en su retina y su alma se hace trágica y colorida; la regocijada narración (fiel registro de lo que apareció ante el) es sustituido por titulares de prensa que denotan hechos noticiosos cargados de violencia y reforzado con la constante referencia sonora a una selva que, a su vez, es acompañado por una pantalla de televisión donde se observan dos maracas 3 alusivas que, como títeres, se mueven al antojo de quien ostenta el poder y la hegemonía comunicacional para vender una idea errada, muy alejado de la intensa emoción ingenua que sintió Humboldt al descubrir la belleza de nuestra tierra inédita para sus ojos. 4

La relación con el espectador, el cual interpreta a partir de los materiales y procedimientos que constituyen las obras, produce en y dentro del objeto cierta inscripción de la violencia. La trascendencia para reflexionar sobre el traslado de las características fundamentales de lo significado a un espacio de representación, más allá del objeto, es a través de la creación de una intervención del imaginario social con el espacio artístico creado por Montiel Soto. Por tanto, ante el problema de resignificar imágenes de la flora y fauna para referirse a hechos violentos, por ejemplo, a través de los titulares de prensa, refuerza lo irrepresentable para hacer evidente un cuestionamiento latente que puede ramificarse en diferentes posturas pero también como un enfrentamiento al dolor y la muerte y, por tanto, a la violencia.

En el caso de los titulares relacionados a escenas de violencia como asesinatos, suicidios, linchamientos, muertes o accidentes, entre otros eventos 5, pertenecen a ese limbo. El venezolano, sabe en su fuero interno que va a morir pero, al mismo tiempo, la muerte siempre es concebida como un momento de un futuro muy lejano, tan lejano, que llega a sentir la certeza de su eternidad; es decir, la creencia es en la eternidad, cosa muy distinta a la trascendencia, esto es, no se actúa para la trascendencia, lo que equivaldría a cuidar las acciones en virtud de lo que importa sino que actúan como si fuesen eternos, no van a morir nunca, por eso todas esas acciones son previsiblemente para el presente inmediato, esta es la peor de las actitudes del venezolano.

Y es también la razón por la cual se puede avanzar la hipótesis de que existe un vínculo entre la crueldad hacia los demás y el olvido de uno mismo como ser humano; ser despiadado y no experimentar ninguna empatía frente al sufrimiento de un semejante significa en uno y otro caso un desprecio por la humanidad, la misma que se comparte con la víctima.6

Una cosa es encarar a la muerte como algo inscrito necesariamente en el destino de los hombres en general en tanto miembros de la clase de los seres vivos, otra cosa es pensar la realidad de cada muerte individual. Entre los muertos y la muerte, o sea, entre determinado acontecimiento biográfico y determinada condición ontológica – o mejor, escatológica- por lo tanto, los lazos no son simples. Además, la efervescencia ritual provocada por una muerte varía de acuerdo con la importancia social del difunto. Como Robert Hertz (1970) observó, la muerte no se limita a poner fin a la existencia corporal. Ella destruye al mismo tiempo el ser social investido sobre la individualidad física, a lo que la conciencia colectiva atribuye una mayor o menor dignidad. Sin embargo, evitando afrontar la evidencia de la entropía y de pensarse en la finitud, escuchamos a lo lejos “Por favor no me dejen morir”.

 

1 Oído a un anciano en un bar
2 Guerra y pá. Zurich, Suiza: Daros-Latinoamericana AG, 2006, p. 122
3 El 12 de octubre de 2010, por ejemplo, se consumó la estrategia etnofágica y etnocida del actual Estado-gobierno venezolano: el cuerpo ministerial de Chávez entregó supuestos títulos a tres comunidades indígenas yukpa en la Sierra de Perijá, pretendiendo con ello dar por saldado el proceso de demarcación de los hábitats correspondientes a ese pueblo. El presidente Chávez no estaba presente en un acto esperado en la Sierra desde el 2002, fecha en la que según disposición constitucional el Estado ha debido culminar el proceso de demarcación de todos los espacios territoriales indígenas del país; en su defecto, un enorme piquete de soldados cubrió el espacio del evento, supuestamente, para brindar seguridad a los Ministros (Interior y Justicia; Ambiente; de Pueblos Indígenas; entre otros funcionarios presentes), y que al menor asomo de protesta de las comunidades no favorecidas, se activó de inmediato para aplacar sus abiertos reclamos. Se trató, en fin, de la acción a través de la cual debían obligadamente aceptar la entrega de nada.
4 “El barón de Humboldt ha hecho más bienes a la América que todos sus conquistadores”. Simón Bolívar
5 La sociología de la comunicación denuncia que la sociedad actual se recrea en ejercicios ociosos, en el gusto por el caos, en consumos discursivos y corporales que posicionan la agonía efímera y [re] inventan nuevas tácticas, nuevos patrones de la existencia. La muerte, pues, se ha reinventado, a partir de la práctica mediática del suceso cotidiano y local, en un hecho instantáneo, se cuenta, se consume, se socializa. El caos actual tiene su origen en esa dislocación que ha provocado el discurso de los medios por la fascinación de lo íntimo.
6 Michela Marzano, La muerte como espectáculo, Tusquets Editores, 2010, p. 70

 

Sonia Sofía Quintero, 2015