Mal de mar hacia un triste trópico. Notas sobre la otra isla

Un viaje de ida y vuelta: de los veleros fantasma a la quiebra venezolana.

“Viajes: cofres mágicos de promesas soñadoras, ya no entregaréis vuestros tesoros intactos. Una civilización proliferante y sobreexcitada trastorna para siempre el silencio de los mares”. Claude Levi-Strauss. Tristes trópicos, 1955.

“Toda máquina tiene su código maestro, y el eje de la máquina cultural de los Pueblos del Mar está constituido por una red de sub-códigos que se conectan a las cosmogonías, a los bestiarios míticos, a las farmacopeas remotas, a los oráculos, a los rituales profundos, a los misterios y alquimias de la humanidad”. 

Antonio Benítez Rojo. La isla que se repite, 1989-1998.   

No sería extraño que el visitante interesado y curioso, al adentrarse en esta exposición, fuera invadido por un espíritu aventurero y se sintiera empujado misteriosamente por el impulso de los vientos. Y es que los Alisios y las corrientes oceánicas son los primeros culpables de esta muestra que es grande en cuanto al espacio y el tiempo que recoge. Nos habla de viajes y viajeros, de identidades y costumbres, de economía local y global, de recursos y políticas, de conquistas, colonialismos, migraciones e imaginarios. Pero sobre todo habla de experiencias y de personas, desde el propio artista, cuya biografía está en la base de su trabajo, a todas las que se ven obligadas a dejar su país por la avidez de los gobiernos y sus élites económicas por conquistar, ganar más, ser más poderosos y dominar. Cuántas veces parece que los pueblos quedan fuera de la ecuación cuando se habla de procesos políticos y económicos, las personas pasan a ser cifras y datos, y se menosprecian las necesidades cotidianas. 

Este trabajo vertebra toda una constelación de contenidos que se comunican entre sí a través de las obras, generando cierta toma de conciencia de la complejidad que se esconde bajo términos tan vagos y engañosos como globalización y flujos migratorios. La profesora Mary Louise Pratt nos previene respecto a estos conceptos: “La globalización funciona a menudo como una especie de falso protagonista que impide una interrogación más aguda sobre los procesos que han estado reorganizando las prácticas y los significados durante los últimos 25 años. Nos faltan vocabularios más exigentes, más explicativos. Indudablemente tales vocabularios incluirían el término neoliberalismo”. También la metáfora del “flujo” legitima el término de globalización (ese estadio avanzado del colonialismo) y enmascara las realidades de estos movimientos, los protagonistas y sus diferentes situaciones vitales; su dimensión ética. 

Mal de mar hacia un triste trópico. Notas sobre la otra isla es el tercer capítulo, con vocación totalizadora, de un amplio proyecto en el que Marco Montiel-Soto pone en relación su tierra natal con el Archipiélago Canario, a través de los viajes que realiza a ambos lugares, al estilo de los viejos exploradores. Toma como punto de partida los que realiza a las Islas Canarias buscando el imaginario venezolano, que se ha transmitido a través de la gastronomía, la música o los encuentros que vehicula la Casa de Venezuela en Canarias, que también visitó. El material que genera dicha aventura es transformado artísticamente cargándose de contenido crítico y reflexivo. La instalación resultante se compone de esculturas, objetos encontrados e intervenidos, fotografías, periódicos, collages, mapas, audios y vídeos. Sus montajes pueden recordar a las salas de un museo de antropología y arqueología, o a los antiguos gabinetes de curiosidades, además de poseer cierto carácter inmersivo propiciado por la transformación del lugar con vegetación y arquitecturas efímeras. El artista sitúa al espectador en el centro de sus viajes, haciéndole partícipe de la experiencia. 

La exposición se divide en dos ámbitos entrelazados. El primero aborda la realidad de Venezuela, que actualmente atraviesa uno de sus momentos más críticos. El otro corresponde a la temática canaria, tanto la determinante geografía, con alusiones a su condición volcánica o a la vegetación (el drago o el mágico árbol de la lluvia) como a la historia, como se puede ver en el Jardín canario. Hay referencias documentales a los vestigios guanches y su pasado precolonial, como la gran muestra de pintaderas realizadas por el mismo autor, así como alusiones a muchos de los símbolos que identifican a este pueblo marcado por la tricontinentalidad en su relación milenaria con África, Europa y América. Curiosamente, durante esta investigación, La Graciosa deja de ser considerada un islote y se convierte en “la octava isla”, apelativo que históricamente se le dio a Venezuela, por eso “la otra isla” del título. 

La unión de Canarias y Venezuela viene desde los primeros viajes de Colón a América. Ambas geografías fueron conquistadas en la misma época y sus poblaciones indígenas colonizadas de forma casi paralela, siendo incorporadas al Imperio Español. En el caso canario, los indígenas y su cultura guanche fueron prácticamente exterminados y la herencia indígena venezolana ha sido prácticamente enterrada y desvirtuada por las posteriores soberanías criollas.

Canarias fue el habitual puerto intermedio de acceso de la Península Ibérica al continente americano, disfrutando así de una situación privilegiada para el comercio y los intercambios de todo tipo. La emigración de los canarios a la exuberante “Tierra de gracia”, tal como llamó Colón a Venezuela cuando llegó por primera vez en 1498, ha sido constante desde entonces y hasta el pasado cambio de siglo. En algún momento estas migraciones llegaron a ser tan numerosas que las autoridades tuvieron que poner trabas para evitar la despoblación de algunas zonas. Para contextualizar estos movimientos, y en colaboración con la Casa de Colón en Canarias, Montiel-Soto introduce en la muestra un antiguo cañón y grabados de los puertos que conectan estas estratégicas islas con otros pueblos de mar, compartiendo identidades y costumbres. Son grabados realizados por J.J. Willams para la pareja exploradores y científicos Philip Barker Webb y Sabin Berthelot, que a principios del siglo XIX recogieron información de la flora, fauna y características del lugar en Historia natural de las Islas Canarias. Más adelante hablaremos de la literatura de viajes y su incidencia en los fenómenos coloniales.

En uno de esos giros paradójicos de la historia, se produce un fenómeno que no deja de repetirse en el mundo contemporáneo. Las colonias que en un tiempo fueron utópicos destinos para los habitantes de la metrópoli son en la actualidad lugares de profunda inestabilidad política y económica que devuelven a los que antaño llegaron y sus descendientes a sus países de origen. Incluso los propios venezolanos están saliendo en masa de su país desde hace años.

Aquí se toma como punto de partida la emigración clandestina que se produjo tras la Guerra Civil, bajo la dictadura de Franco. Miles de emigrantes clandestinos canarios se vieron obligados a dejar las islas entre 1939 y 1957. En los tiempos de la dura posguerra, conseguir permisos para abandonar el país era prácticamente imposible. Muchos huyeron por la situación política, pero sobre todo fue la desesperada situación económica la que obligó a la mayoría a buscar mejor suerte en el sueño prometido de ultramar. El hambre y la dificultad para trabajar y subsistir produjo un fenómeno de salidas masivas en embarcaciones compradas entre muchos (o robadas en algunos casos), en condiciones muy precarias y a veces sin tripulación competente. Los “veleros fantasma”, demasiado cargados de tripulantes, pasajeros y polizones, se aventuraban por la histórica ruta favorecida por los vientos Alisios y las corrientes ecuatoriales que de forma natural unen y hermanan estos dos destinos. Llegaban a diferentes puertos sudamericanos o caribeños, pero se dirigían mayormente al puerto de La Guaira. Tardaban un tiempo que oscilaba entre unos veinte y noventa días, según la suerte que corrieran en el trayecto, multiplicándose las historias y anécdotas de todo tipo, casi siempre instaladas en el drama, debido a la falta de alimentos y agua, los temporales y demás penurias. Allí los emigrantes fueron bien recibidos hasta 1948, cuando Rómulo Gallegos es derrocado y se instala una dictadura que sí reconoció a la franquista, por lo que los emigrantes clandestinos empiezan a ser devueltos a su destino o internados en hostiles campos de trabajo en la mayor parte de los casos. De esos diarios de navegación se hace eco el artista en una pieza sonora en la que se van narrando verídicos testimonios de personas que realizaron esa travesía, expresando las durísimas condiciones que sufrían los viajeros. Si obviamos los pormenores, estas historias tienen mucho en común con las que vivieron los que realizaron el trayecto en otras épocas y, sin duda, nos recuerdan también a las que sufren hoy tantos emigrantes clandestinos en diferentes puntos del planeta, procedentes de países en situación de guerra o pobreza extrema. Simbolizando todos estos trances marítimos el artista introduce en la muestra distinto ejemplos de tallas africanas pertenecientes a la colección de Casa de África en Canarias. Son figuras esculpidas por diferentes etnias que, cada una dentro de una pequeña embarcación, se distribuyen por las salas como guiando al visitante.

Otra obra nos pone frente a las realidades, muchas veces encubiertas o edulcoradas, de los que escribían a sus familiares una vez instalados en Venezuela. El artista ha ido coleccionando postales de la época y las presenta como un archivo, agrupadas por las imágenes que muestran un país floreciente en aquella época, en pleno auge económico. Resulta curioso apreciar cómo los reclamos turísticos entonces eran la flamante autopista Caracas-La Guaira, los campos de pozos petrolíferos, las piscinas, los nuevos edificios y alardes de ingeniería, además de los exóticos paisajes naturales. Gracias al boom petrolífero, Venezuela vivía entonces un momento vibrante de desarrollo industrial y urbanístico. Sobre “cómo era antes y en qué se convirtió después”, versan los collages de Maracaibo monumental, para los que utiliza una colección de viejos libros sobre el antiguo imperio romano, aplicando transparencias pintadas que modifican la imagen original. Así, sobre fotos antiguas del Maracaibo más glamuroso inserta imágenes extraídas de esos libros relacionando ambos procesos de entropía histórica, de la tendencia al caos y la destrucción después de la desbordante riqueza. Es asombroso hasta el extremo, cómo en dos décadas un país puede sufrir tal transformación. La sombra de esta desgracia está indefectiblemente presente en todo este trabajo. 

Una denuncia de la inflación y la depauperación extrema de una economía es Papel tapiz, la pieza que cubre una de las paredes de la sala con billetes. El bolívar, que ya ha sido utilizado por el artista en otras obras, se ha devaluado tantísimo que casi se podría utilizar para empapelar. Otro símbolo patrio, la bandera de Venezuela (muy manipulada por Chávez en su iconografía), se viste de luto con las tres bandas en negro y las estrellas blancas, eliminando el alegre color, mostrando la tristeza de un país sumido en el caos.

Para incidir en la perversión a la que se puede llegar con la abundante riqueza natural de un país, en este caso por el codiciado oro negro, Montiel-Soto ha construido una réplica de la famosa torre petrolífera que cambiaría el curso de la historia para siempre, el Barroso II. Aquel legendario reventón de 1922 podía verse desde Maracaibo, a 45 kilómetros de distancia. Los habitantes de la región cantaron a ritmo de tambores invocando a San Benito de Palermo -presente en la muestra por una pequeña imagen junto a la torre-, para que parase de brotar, descontrolado, el petróleo. Es el santo negro descendiente de esclavos manumisos que desde la época de la colonia se venera en Venezuela, sobre todo en esta región de Zulia. El sincretismo venezolano en las creencias religiosas es interesantísimo y sorprendente. Tiene una gran trascendencia social y política, y es el reflejo del crisol de culturas que trajo la colonización europea, el trasvase esclavista de población africana y la influencia del área asiática. No en vano, al inicio de la exposición nos encontramos con una estatuilla de la India Tibisay, que pertenece al imaginario de María Lionza, muy popular en Venezuela. Este complejo culto está presidido por la reina de ojos de agua que preside el panteón de las tres potencias, acompañada del negro Felipe y el indio Guaicaipuro. Existen además varias cortes compuestas de personajes de todo tipo y condición, mezclándose ángeles, santos y personajes históricos -como los muchos caciques que se resistieron al dominio español- entre otras entidades. La importancia de estos cultos esotéricos es tanta, que hasta el expresidente Hugo Chávez (cuya imagen aparece en el altar junto a Tibisay) realizaba rituales santeros en Miraflores y utilizaba sus designios para gobernar. Parece que la exhumación de los restos de Simón Bolívar con cierto pretexto científico, respondía también a estas prácticas esotéricas a las que estaba muy acostumbrado. Nicolás Maduro tomó el testigo y ha adoptado también este tipo de hábitos.

En 1892, el alemán Anton Goering publicaba en Leipzig el libro De las bajas tierras tropicales a las nieves perpetuas. Descripción pintoresca de Venezuela, el más bello país del trópico. Con la portada de este libro abre Montiel-Soto la exposición. Este pintor, dibujante, naturalista, zoólogo, taxidermista y ornitólogo (así de polifacéticos eran aquellos exploradores), recorrió fascinado Venezuela entre 1866 y 1874, plasmando en sus cuadros y dibujos todo aquello que llamó su atención, a la vez que escribía crónicas y apreciaciones en su diario de viaje. En un tiempo en que la fotografía aún no se había popularizado, estas imágenes sustituían los actuales reportajes. En ellas converge el carácter documental que pretendía imprimir el autor, su propia subjetividad ineludible y la visión cultural de la civilización a la que representaba, la del europeo patriarcal, blanco, colono y de clase alta que plasma un exótico universo en el trance del redescubrimiento. Mary Louise Pratt afirma que la visión que Europa tiene de América nace sobre todo de los libros de viajes de aquellos exploradores de la Ilustración que se convirtieron en auténticos best-sellers. Los Cuadros de la naturaleza descritos por Alexander von Humboldt (que también hizo una famosa expedición a Canarias) reimaginaban una Venezuela en pleno proceso de independencia y la describían como el tópico de la naturaleza virgen, salvaje y primaria, y a penas hacían alusión a las sociedades que lo habitaban, parecían no existir. En realidad, hablaban de espacios poseíbles para cartografiar, dominar y explotar. 

Varias obras se refieren a aspectos de la conquista y la pérdida de ese “paraíso” como Mara cayó. Mara era un importante cacique que opuso resistencia legendaria ante quienes querían doblegar a su pueblo y dominar sus tierras. Se dice que el nombre de Maracaibo nació cuando el líder indígena cayó. En Muerte en Tierra tropical, un cuadro que representa la selva virgen es destrozado con un machete sobre un tronco, expresando con fuerza el devenir catastrófico. En Sueño caribeño es otra utopía, una hamaca colgada en un lugar inalcanzable se vuelve inútil, abundando en el tema de la frustración.

Otro importante corpus de la muestra son los trabajos en los que utiliza como base la prensa venezolana. Los periódicos fueron teniendo cada vez menos páginas y su información se fue haciendo más superflua, sensacionalista y censurada, hasta casi desaparecer. El artista trabajó como fotógrafo en el diario La verdad durante el año 2002, en que marchó a Europa. Guardó estos periódicos y los intervino catorce años después pintando sus páginas de diferentes colores según el tema de la única noticia que dejaba visible. Así el verde se corresponde con noticias militares, el rojo con la violencia, blanco y negro con la política, el plateado es para la economía y el dorado para los logros. La verdad no es noticia es una metáfora de la censura que se ejerce abiertamente en Venezuela, donde ya no queda prensa escrita y la digital se lleva a cabo fuera de las fronteras, pues las redes están totalmente controladas. En Sucesos del día a día, de 2015, utiliza los titulares de diversos periódicos recogidos antes de salir del país y los combina en collage con fotografías de la fauna suramericana tomadas de encartes de los años setenta, cuando los periódicos tenían verdadera entidad. Los titulares son de casos y sucesos, la mayoría escabrosos, por lo que se produce un desconcertante encuentro entre la frase y la imagen que nada tiene que ver con ella. En la mente del espectador se genera una creativa extrañeza al intentar unir contenidos sin poder acudir a la lógica. Un interesante juego surrealista, un símbolo más del absurdo. 

La exposición se completa con abundante material videográfico, como nuevas versiones del Tratado de maracas, una rítmica llamada a la idea construida y estereotipada de lo exótico, lo tropical y caribeño, con un importante componente de performance y ritual. Las imágenes recogidas en ruta desde el coche, tanto en el último viaje a Venezuela como en la expedición a las Islas, nos introducen en el paisaje hasta marearnos, como en el “mal de mar”, al aparecer largo tiempo invertidas en la pantalla, generando un ambiente onírico y lisérgico. 

Marco Montiel-Soto revela un mundo al revés al que no es fácil acostumbrarse. Muchos artistas exiliados lo muestran a través de sus obras, incapaces de obviar la realidad que atraviesa su país. Como Luis Enrique Pérez-Oramas apunta en su emocionante artículo “La guerra de las artes”, “el arte no cambia nunca el mundo, pero fija inexorable y para siempre sus verdades”. Es imposible no preguntarse ¿qué ocurre con el sistema para que la población de países tan ricos viva en la miseria moral y económica? Esperemos que el arte sirva para visibilizar, nos ayude a sentir empatía y arroje luz a lo incomprensible.

EPÍLOGO

Marco visita en mayo su ciudad natal para recoger material para la exposición. Durante días intento contactar con él sin conseguirlo. Lo intento de nuevo sin recibir respuesta alguna. No puedo evitar sentir cierta inquietud, una preocupación generada por las tremendas noticias que nos llegan sobre la actualidad venezolana, en concreto sobre los sucesos en el estado de Zulia, en la ciudad de Maracaibo donde vive su familia.

Plasmo aquí tan solo dos titulares de todos los que encuentro día a día en la red. El País (21 mayo): “Maracaibo, la zona cero del colapso de Venezuela. La ciudad petrolera, en su día un emblema de prosperidad, simboliza hoy la decadencia del país”. Panorama.com.ve (15 junio): “Insoportable: sectores de Maracaibo reportan casi 30 horas sin electricidad”.

Llamo al CAAM, tampoco tienen respuestas. Los días pasan. Por fin me dicen que han recibido una muy breve contestación. Marco está bien, pero le ha pasado de todo, hasta un intento de robo. Finalmente conseguimos hablar: “-La conexión a Internet era tan débil y desaparecía tan rápida e inesperadamente que tan solo pude contestar lo más urgente por miedo a que la señal cayera de nuevo. Ni siquiera podía enviar fotos, es tan lento que no te provoca mirar nada. La prensa crítica con el régimen ha desaparecido y está censurada. Tan solo hay seis horas de luz al día, se funciona con generadores eléctricos. Tampoco hay agua de continuo. Las tiendas cierran a las doce y los productos que hay son muy caros, muchos vienen de Colombia. La basura llena las calles. Los cajeros no funcionan. No se puede comprar con tarjeta. El valor de la moneda es tan oscilante que hay que mirarlo todos los días en la web. En el banco solo se puede sacar un dólar al día. El bolívar vale cada vez menos, circula el dólar, se mezclan las monedas. Las colas para conseguir gasolina son interminables. Los semáforos no funcionan, se conduce por intuición. Por la noche apenas sabes bien por qué calles vas, es fácil perderse. Los ascensores de los edificios no funcionan. Vi un funeral en que alumbraban con velas y móviles. Parece el fin del mundo…. todo está en ruinas”.

La aventura del aeropuerto para volver pudo haber acabado muy mal. Marco partía con cuatro maletas y el material para la exposición. Para que no se dañaran sacó de los marcos los collages de Sucesos del día a día y los periódicos de La Verdad no es noticia. También tenía el machete de Muerte en la tierra tropical, un pequeño bote con petróleo, bolívares para Papel tapiz comprados en la calle, un cuatro (guitarra venezolana con cuatro cuerdas) … Llegó con cinco horas al aeropuerto, que está tremendamente descuidado. Muy pocos pasajeros. Como se iba la luz y había que pagar con tarjeta y pesar maletas, todo se demoraba interminablemente. Una vez terminado llaman a cinco pasajeros para revisar el equipaje. Evidentemente Marco estaba entre ellos. Chalecos naranjas, perros, tremendo calor y diez militares. Le piden el pasaporte y abren dos de sus maletas. Al ver los marcos, alertan escandalizados de que puede haber imágenes que hablen mal del país, por suerte las había sustraído y no las localizaron. Tampoco vieron el machete que quedó en otra de las maletas. Él, pendiente de que no le robaran nada. De repente encuentran parte del dinero, 14 dólares en billetes de 2, 5, 10, 20 y 50 bolívares. ¡Vamos a ponerle los ganchos por contrabando de papel moneda! Llega la coronela y hace preguntas. Es poco dinero, pero se lo decomisan mientras le dan el documento torpemente manuscrito. Finalmente, no le esposan, pero el avión está a punto de salir y eso no termina. Cierra las maletas mientras los perros lo miran. Entonces quieren revisarle la maleta de mano. Allí encuentran cincuenta dólares que había comprado en la calle a razón de 100.000 bolívares por 150.000, en billetes 100, 200 y 500. Esta vez, el militar que lo encontró no dijo nada y se lo metió al bolsillo. Ambos se miraron. ¿Te vas, o te meto preso? Marco Montiel-Soto salió de Maracaibo en uno de los últimos vuelos que despegaron de ese aeropuerto. Ya no se puede llegar a Maracaibo internacionalmente.

Lidia Gil Calvo, 2019

Este texto fue originalmente escrito para la publicación de Marco Montiel-Soto en el CAAM.

 

1. Extracto de la conferencia “Globalización, desmodernización y el retorno de los monstruos”, Universidad Católica, Lima, Perú, 2002.

2. El primero y germinal, Mal de mar hacia un triste trópico (2015) fue mostrado en Junefirst de Berlín. El segundo, Mal de mar hacia un triste trópico: in the distance of the eigth island tuvo lugar en la 11ª Bienal de Mercosul en Porto Alegre el pasado año y se mostrará en la próxima Bienal de Montevideo.

3.  José Ferrera Jiménez: Historia de la emigración clandestina a Venezuela, Las Palmas de Gran Canaria, 1989.

4. En el vídeo Reconversión, se borran en loop los ceros de un billete haciendo referencia a la puesta en circulación del llamado Bolívar Fuerte en 2008, al que se restaban 3 ceros. 

5. En 2006, Hugo Chávez reforma la ley sobre los símbolos patrios y transforma la bandera sumando una estrella (en alusión a Cuba) y cambiando hacia la izquierda la dirección que tenía el caballo que aparece en el escudo. También cambió la moneda, el nombre del país y el huso horario.

6. Respecto al mestizaje religioso en Venezuela y sus implicaciones ideológicas han sido muy ilustrativos los textos del antropólogo catalán Roger Canals Vilageliu.

7. Respecto a la importancia que la literatura de viajes ha tenido en la creación de un orden imperial poscolonial ha sido revelador el libro Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación de Mary Louise Pratt publicado en español por el Fondo de Cultura Económica.

8. https://www.cesarmiguelrondon.com/intereses/tambien-sucede/la-guerra-de-las-artes-luis-enrique-perez-oramas/