El último invierno dormí solo

La maleta como la mente abierta, receptiva, como un espacio donde entran y salen constantemente los mismos objetos impregnados de olor a recuerdo y que acarrea el artista en el eterno viaje que define su filosofía de vida. En aquellos días, la ruptura
con su esposa le ocasiona una pérdida del equilibrio y le lleva a reflexionar en torno a aquello que sólo cobra sentido si existe una pareja. Durante el invierno del 2010-2011 varias parejas de guantes sufrieron la misma suerte que el artista y poco a poco decidieron encontrarse con él para reivindicar su dignidad, aunque nunca volverían a ser lo que fueron.

Elisa Rodríguez Campo, 2011